Naturaleza muerta 07/11/20

Vivir en una ciudad pequeña no es tarea fácil, osea, si, tienes comodidades y cierto gusto de placeres que quizá en un lugar menos "desarrollado" no podrías obtener con tanta facilidad, pero ese no es el punto, la cuestión es la transición que se genera al salir un poco de todos estos complejos habitacionales que crecen como si realmente se necesitara tanto.

Hoy, en el trabajo, como todos los días tuve la oportunidad de subir a un techo a arreglar una refrigeración o quizá una calefacción, no tiene mucha importancia, lo que si es que cada peldaño que subo de esa escalera que me lleva un poco mas cerca de los cielos me da una visión diferente de las cosas.

Me gusta mi empleo, al menos ahora, porque representa un poco de libertad ante el agobiante día a día que presenta esta ciudad, nosotros le llamamos " la vida en las alturas" y hace querer pensar que quizá sea así porque es nuestra jornada diaria, pero yo deseo verlo de otra forma, quizá un poco soñadora, claro, pero no menos real.

Cada vez que estoy arriba puedo ver un poco mas el horizonte que nos rodea, lleno de montañas que en su relativa distancia, pone en perspectiva el tiempo que ha pasado por ellas, tan grandes que han logrado mantener el delicado equilibrio que existe en la ciudad. No es mentira si digo que nos han salvado la vida algunas veces, pero observarlas ahí es un lujo que no siempre se tiene.

Los atardeceres son distintos desde las alturas, al no estar rodeado de casas y edificios que entorpezcan la vista, uno puede apreciar más la belleza que acontece cada ocaso, cada que "se apaga la vela".

A veces creo que el seguir dedicandole tiempo a este empleo va mas por ese lado que por el lado monetario, pero cuando pongo los pies en la tierra recuerdo que estamos en medio de una catástrofe mundial y que en realidad necesito subsistir.

Espero que en el porvenir laboral pueda seguir encontrando esos pequeños detalles que hagan las cosas menos "reales".

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