Huir

 Pregunto para mí mismo 

¿Por qué huimos?

Este deseo irrefrenable de mantenernos unidos que desembocó en separación y falta de gracia al estrellar nuestras presencias

¿Debe ser así?

Constantemente me enfrento a los reflejos de tu imagen sórdida en mi memoria, cada vez duele menos, pero en mi corazón arde el deseo de vernos a los ojos y crear nuevos recuerdos

El desenlace fatídico de nuestras almas (que son una) se cuela en la esperanza y el brillo me ciega de saber y aceptar que las cosas son como son y no como quiero que sean.

Soy un adicto.
Adicto a la falta de tiempo, adicto al placer, adicto a los problemas, adicto a enturbiar el agua, a golpear los panales, a la erupción del volcán, a colisionar planetas.

No es la soledad o la memoria lo que me ata, cadenas invisibles que unen todo lo que conocemos, eslabones interdependientes de una broma cósmica, incansable buscar y encontrar.

Es el pensar en tu alma tierna lo que me mantiene aquí.


Pero todas las mañanas me levanto con un canto, una confianza indudable de creer que estando bien puedo serte de beneficio, que verme fuerte te motive a alzarte como ave que emprende camino y llega al sol.

Mi voz clama en el pecho una impaciencia por correr a tu indiferencia, que esconde dolor y miedo. Pero resisto hasta que el momento sé de por sí
mismo, sin forzar nada, sin ambicionar nada.

Hoy te escribo para que mis palabras sean lluvia en tu jardín
para compartir el dolor
sin saber realmente si aún me piensas.


Soy malo escribiendo cartas, quisiera que mi egocentrismo no estuviera constante, pero sigo trabajando en ello todos los días, para ser mejor para todos, pero incluso aquí se cuela y sale a relucir que queda mucho camino aún. 

Me cuesta mucho trabajo aceptar que te extraño
Me cuesta trabajo aceptar que tuvimos que destruirnos
Me cuesta trabajo el ver nuestras muertes

Pero sigo en pie para ti
de aquí hasta el nirvana.

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