Naturaleza muerta 02/11/20
El día a día es extraño, unas veces parece no pasar nada mientras que otros parece que estan predestinados para tener algun raro significado que quizá, con un poco de esfuerzo, logres descifrar el enigma de cada uno, hoy por ejemplo, pensé en el señor tiempo.
Este hombre, lo hemos visto antes, corre y se esconde, quiere no ser observado por eso se apresura por huecos y grietas, figurando que es imperceptible desde ahí, donde se oculta.
Si eres curioso y aprendes a observar, uno de estos días podrán charlar un poco, tambien te darás cuenta que su nariz es grande y puntiaguda, es pequeño, como un niño, pero su semblante es de un hombre maduro que te observa claramente con sus ojos saltones, a veces curiosos, a veces molestos, viste de un pequeño traje color marrón que cambia según la estación.
Es un personaje verdaderamente curioso, cuando come, lo hace de bocados grandes, como si quisiera acabar ahora mismo, pero al masticar, toma su tiempo, mordida a mordida, parece disfrutar todo aquello que consume, con un placer profano y un tanto grotesco.
Tuve la oportunidad de hablar con él hoy por la mañana, Claro, porque por las noches corre sin pensar si ha olvidado un peine y un zapato, simplemente escapa como un parpadear y vuelve alrededor de media noche, como un acontecer onirico, medio etereo si logras mantenerte lucido hasta esa hora, pero sí, hoy vino de visita.
Hablamos de cuanta cosa pudimos pensar, me preguntó por mi familia y le conté un tanto de historias nuevas que él con una risita ironica me hacía entender que ya sabía por donde iban y quizá donde terminaban, a veces ni siquiera me dejaba terminar una cuando se adelantaba a la otra.
Le conté sobre la destrucción, el fuego, el derrumbe de las hojas y de nuevo se mantuvo molesto, me hubiera gustado preguntarle porque pero cambió el tema, alegando que el final es solo eso, el final.
Habló conmigo un momento, normalmente cuenta historias de tiempos inmemoriales que a veces cambia, un día es Miguel Ángel y al siguiente un Hermes, pero seguido menciona que los nombres no importan mucho, creí entender que intentaba advertirme de algo pero como es costumbre, no entendí.
El Dios de los pobres entró mucho entre risa y risa, recordamos juntos aquellas epopeyas de las que solía basarse para mantener entretenido al señor tiempo, sin embargo, hoy entramos en horario de invierno y el quiso irse rápido, aparentemente le gusta observar los atardeceres del desierto, yo por mi parte, lo ví correr hacia las nubes a toda velocidad.

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